Historias de Oficina y Café

Relatos reales del trabajo cotidiano y lo que realmente nos enseña.

Hola, soy Miguel!
He trabajado con clientes, colaboradores y proveedores de todo tipo, y a lo largo del camino, descubrí que los mejores aprendizajes no vienen de cursos ni libros, sino de la gente con la que trabajamos todos los días.

  • Hay una frase con la que Mark Manson abre su libro «Todo está jodido» que te golpea como un gancho al hígado cuando estás listo para escucharla: al final de cuentas, todos nos vamos a morir.

    Es una verdad incómoda que solemos ahogar en la rutina, en las juntas interminables y en la falsa seguridad de un corporativo. Pero cuando pasas las últimas semanas manejando solo, recorriendo cerca de 8,000 kilómetros de carretera en dos meses, el silencio no me dejó escapar de esa idea.

    Fueron miles de kilómetros con el parabrisas de frente y mi propia mente como único copiloto. Y en algún punto entre un estado y otro, la idea de la mortalidad dejó de ser una advertencia para convertirse en una ventaja táctica.

    Si el tiempo es finito, ¿por qué demonios lo gastamos construyendo el sueño de alguien más?

    Mi ausencia en este blog durante los últimos meses no fue falta de ideas; fue exceso de movimiento. Estuve desmantelando la inercia. Ese tiempo en carretera terminó por cimentar la decisión más radical de mi carrera profesional: no volver a emplearme jamás.

    La comodidad del sueldo fijo es la anestesia perfecta contra la pasión. Y yo decidí cortarla de tajo.

    Hoy, mis prioridades son Nallely, Regina e Ivanna. Decidí emprender y tomar el control porque quiero que mi tiempo rinda donde de verdad importa: estar cerca de ellas, sin pedirle permiso a un calendario corporativo. Quiero desarrollarme en mis propios términos y, sobre todo, tener un impacto directo, real y positivo en la gente que se sube a mi barco.

    Tener esperanza no es sentarse a esperar que las cosas mejoren. Tener esperanza es tomar el volante, pisar el acelerador y darle con todo al tiempo que nos queda.

    Fueron miles de kilómetros para entenderlo. Ahora, toca ejecutar.

    Nos vemos en la próxima parada.

  • Hay una carrera de Fórmula 1 que sigo viendo cuando necesito recordar de qué está hecha la resiliencia. Sakhir, 2020. En la primera vuelta, Checo Pérez es golpeado, cae al último lugar y entra a pits. Para cualquiera, la carrera estaba terminada. Para él, apenas comenzaba. Mantuvo la cabeza fría, remontó 18 posiciones, ganó la carrera y aseguró su asiento en Red Bull.

    ¿Por qué pienso en esto hoy?

    En agosto de 2025, tras una larga trayectoria corporativa, me tocó entrar a pits debido a una reestructura. Han pasado 9 meses desde ese día. Cualquiera pensaría que el sentimiento es de incertidumbre.

    La realidad es que me siento más motivado que nunca. Tengo exactamente la misma energía de 2016, cuando dedicaba mañanas, tardes y noches enteras al arranque del complejo petroquímico Etileno XXI. La gran diferencia es que hoy, toda esa aceleración la estoy aplicando en proyectos propios.

    En diciembre pasado escribí en mi blog un texto llamado «La lección del Auto Antiguo». Ahí compartía una metáfora que me regaló un gran mentor: la idea de que todos tenemos un «auto antiguo» —un talento, un espacio o un hobby dormido— que, si nos atrevemos a pulir, remodelar y meterle ingeniería, puede transformarse en un gran negocio.

    Hoy, ese concepto cobró vida de la manera más inesperada.

    Durante la pandemia, un excolega creó Corazón Logístico, una página de Facebook que nació como un pasatiempo para subir memes, desestresarse y hablar de logística. Lo que empezó como un puro hobby, hoy es un gigante con más de 200 mil seguidores.

    Ahí está el «auto antiguo». Una comunidad masiva con un motor impresionante, esperando ser pulido.

    Nos sentamos a platicar y decidimos pasar del entusiasmo a la estructura. Aplicando la formación estratégica del IPADE, acabamos de formalizar un pacto de socios para meterle orden institucional y transformar ese canal de entretenimiento en una unidad de negocio seria, rentable y con valor de mercado real.

    Al igual que en aquella vuelta 1 en Sakhir, salir del circuito corporativo tradicional no fue el fin de la carrera; fue el mantenimiento en pits que necesitaba para ajustar el motor y salir a ganar bajo mis propias reglas.

    A veces, caer al último lugar de la parrilla es la única forma de tener el espacio suficiente para acelerar a fondo.

    La carrera es larga, la preparación silenciosa y la disciplina no se negocia. Nos vemos en la meta.

    #Liderazgo #Emprendimiento #Logistica #Estrategia #Formula1 #IPADE #CorazonLogistico #Networking

  • Durante los últimos años, mi firma tuvo un peso específico: contrataba servicios por +100 MM USD anuales y operaba +200 MM USD. En ese mundo, el poder de la negociación solía estar de mi lado. Si yo llamaba, me contestaban. Si yo pedía, me ofrecían.

    Hoy, mi realidad es distinta. Hoy, mi mayor victoria del día puede ser que un director de logística me devuelva un correo o me regale cinco minutos de su tiempo.

    Al principio, el ego te juega malas pasadas. Te hace creer que estás «retrocediendo», mientras tomaba un café, cuestionándome si seguir haciendo llamadas en frío o regresar al camino de las compras, llegué a una conclusión profunda: Las personas que más admiro son (o fueron) vendedores. Vender está en mi ADN:

    • Mi padre: se jubiló siendo vendedor de óxido de etileno en PEMEX, con esa tenacidad de quien sabe que las relaciones son el activo más valioso. Lo recuerdo tratando con respeto a sus colegas y clientes por igual.
    • Mis hermanos: Uno vendiendo maquinaria e insumos para la industria y el otro materiales e ingeniería especializada; expertos en entender que una venta técnica se da a través del entendimiento de las necesidades de sus Clientes.
    • Nallely, mi esposa: La vi triunfando en Unilever antes de dedicarse a nuestro proyecto más importante; de ella aprendí que es muy importante la atención en los detalles, ver aquellas cosas que no están a simple vista.
    • Mi madre: Quien para apoyar el hogar vendía zapatos y tuppers por catálogo, me enseñó la lección más básica: no hay venta pequeña si tiene un propósito.

    Hoy que me toca «picar piedra» buscando a los principales distribuidores de resinas del país, entiendo que vender no es convencer; es empatizar.

    Haber estado 15 años sentado en la silla del comprador no me dio «poder», me dio visión. Hoy no vendo solo consultorías, espacio en terminales o coordinación logística. Lo que realmente pongo sobre la mesa es la comprensión absoluta de lo que un comprador de servicios logísticos necesita: certeza operativa y un servicio diferenciado.

    La resiliencia que hoy aplico para correr 21 kilómetros es la misma que necesito para recibir diez «no» antes de un «quizá». Porque al final del día, el «arte» de vender es simplemente el arte de servir.

    A mis colegas compradores: La próxima vez que un vendedor les busque, regálenle un minuto. Tal vez tiene en su ADN la solución que llevan meses buscando.

    A mis colegas vendedores: No se cansen. El rechazo no es personal, es solo parte del entrenamiento para la obra maestra que estamos trazando.

    #Ventas #Liderazgo #Resiliencia #Logistica #FFCC #HistoriasDeOficinaYCafe #Emprendimiento

  • Hace seis meses, cerré un capítulo tras 11 años en la misma empresa. Salí con una trayectoria sólida, pero también con 107 kilos de peso y la sensación de que la «vorágine» corporativa me dejaba sin tiempo para lo más importante: mi salud.

    La semana pasada, cumplí un sueño que en mi versión de oficina era, literalmente, imposible: Crucé la meta del NYC Half. No soy el corredor más ligero, ni el más rápido (sigo en el proceso de mejora), pero mientras cruzaba Brooklyn y entraba a la Gran Manzana, me preguntaba: ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué es lo que realmente estoy construyendo?

    En ese momento recordé algo que escuché hace unas semanas en una graduación del IPADE:

    «Un artista no nace con su obra maestra; la construye robusteciendo su repertorio«.

    Un profesor explicaba que cada vivencia, cada éxito, cada fracaso y cada reto escolar son los pigmentos que el artista (profesionista) guarda en su paleta. Entendí que durante la última década no solo estuve «trabajando»; estuve llenando mi repertorio para lo que viene.

    Hoy mis conclusiones son claras:

    1. La disciplina es transferible: Si puedes dominar tu cuerpo para correr 21 kilómetros cuando antes no podías con dos cuadras, tienes la estructura para dominar cualquier modelo de negocio.
    2. El «arte» toma tiempo: Vivimos en la cultura de la inmediatez, pero la excelencia no se improvisa. Robustecer el repertorio significa entender que para dar el siguiente gran salto profesional, primero hay que dominar la técnica. El tiempo es el recurso que transforma una buena idea en una ejecución impecable.

    Seis meses después, mi cuerpo es distinto, mi mente es más clara y estoy mejor preparado para lo que viene.

    A veces decimos que no hay tiempo para hacer ejercicio, para una maestría o para cultivar nuestra espiritualidad. Yo no logré ese equilibrio mientras estaba sumergido en el corporativo… ¡espero que tú que estás leyendo esto sí lo logres!

    Recuerda que somos un «work in progress». Cuida tu mente, cuida tu cuerpo y no dejes que la obra se quede a medias por descuidar al artista…

    #Liderazgo #Resiliencia #NYCHalf #IPADE #SaludMental #HistoriasDeOficinaYCafe #Balance

  • Cuando visité el headquarter en São Paulo, me quedé desconcertado.

    Conocí a Marcio Marino y a su equipo en Brasil. Había algo en el aire que no terminaba de entender: se hablaban con una admiración profunda, con un respeto técnico impecable, pero al mismo tiempo se reían como hermanos. Para un profesional formado en la estructura rígida mexicana, aquello parecía una anomalía en la Matrix.

    Años después, Marcio vino a México en una «gira artística» por nuestras operaciones. Una noche, durante la cena, Lucas (de su equipo) aprovechó que Marcio se levantó de la mesa para darme una instrucción: — «Miguel, cuando regrese, pregúntale si le gusta la linguiça que pica (chorizo que pica)».

    Lo hice y la mesa explotó en carcajadas. El doble sentido era evidente y la broma era pesada. En México, hacerle eso a un jefe inmediato era, en aquel entonces, motivo de despido o, al menos, de una mirada fulminante y una plática seria posterior en Recursos Humanos.

    Al día siguiente, a solas con él, no me aguanté la curiosidad: — «Marcio, me sorprende la confianza para hacerse esas bromas en la noche y que a la mañana siguiente sigan siendo tan profesionales como siempre».

    Su respuesta se me quedó grabada para siempre: “Miguel, pasamos más tiempo en la oficina que en casa. Muchas veces estamos más con los colegas que con nuestra propia familia. Por eso, simplemente no podemos darnos el lujo de tener un ambiente tenso o llevarnos mal”.

    Tiempo después, Marcio se convirtió en mi Director y jefe directo. Pude validar que no era una frase bonita para la cena; era una política de vida.

    ¿Qué tiene que ver esto con la amistad y los negocios?

    El ambiente no es un «extra», es el motor: Es una verdadera tragedia pasar 10 horas al día en un lugar donde tienes que cuidar cada palabra por miedo al ego del jefe o de los colegas.

    Resultados vs. Relaciones: Aprendí que no puedes alcanzar metas ambiciosas si las áreas o las personas se ven como enemigos. La eficiencia nace de la confianza, y la confianza suele nacer de una buena risa.

    El vínculo profesional es igual a rentabilidad: Llevar la fiesta en paz no es ser «barco» o «suave»; es ser inteligente. Un equipo que se atreve a bromear es un equipo que se atreve a decirse las verdades incómodas sobre el negocio.

      Hoy, en el mes de la amistad, recuerdo esa cena en Brasil. Gracias, Marcio, por enseñarme que para ser un líder respetado no hace falta ser un líder aburrido o distante. Nos vemos pronto para un café (sin bromas pesadas de por medio).

      Si tu oficina se siente como una cárcel de silencios y jerarquías, quizá es momento de preguntarse: ¿Estamos aquí para construir algo juntos o solo para sobrevivir al ambiente?

    1. Crecí en una casa donde los problemas no existían. O mejor dicho, se metían bajo el tapete. En mis 39 años, nunca escuché a mis padres decirse «te amo». Mi padre se formó en un entorno militar; mi madre, literalmente, huyó junto a mi abuela para dejar atrás a mi abuelo. De ambos aprendí que la resiliencia era sinónimo de silencio. Mi estrategia de vida era clara: si algo duele, no hagas ruido y sigue adelante.

      Entonces conocí a mi esposa.

      Ella creció en el mundo opuesto. Una casa donde no había tema que no se diseccionara, aclarara o hablara hasta el cansancio. Ese fue el choque cultural más violento de mi vida.

      Llevamos 11 años casados. Durante gran parte de ese tiempo, yo viajaba constantemente. En los últimos años pasaba de tres a cuatro días por semana en la Ciudad de México, mientras ella se quedaba en Puebla con las niñas. La distancia física era el refugio perfecto para mi silencio. Pero al volver a casa permanentemente tras mi salida de la oficina, «el refugio» desapareció.

      Hemos pasado por todo: terapia individual, terapia de pareja, crisis profundas y momentos donde la separación parecía la única salida lógica.

      He tenido que sentarme a tomar muchos «cafés amargos». Esos donde ella me obliga a hablar cuando yo solo quiero ensimismarme, tal como estoy programado. Ella exige claridad mientras yo busco el tapete para esconder el esqueleto. Para ella, hablar es respirar; para mí, durante mucho tiempo, hablar fue una amenaza, un tormento.

      ¿Qué tiene que ver esto con los negocios? Todo.

      Muchos de los líderes que admiramos están en portadas de revistas, pero yo descubrí a la persona que más admiro en mi propia casa. Ella me enseñó la habilidad blanda más difícil de todas: la vulnerabilidad de decir lo que pasa.

      Hoy entiendo que:

      1. El silencio no es paz, es una bomba de tiempo. Lo que no hablas en casa termina explotando en tu rendimiento, en tu humor y en tu liderazgo.
      2. La estabilidad es una inversión. Estar fijo en Puebla me permitió enfrentar lo que el viaje me ayudaba a evadir. Mi proyecto más importante no tiene un acta constitutiva; tiene un acta de matrimonio.
      3. La admiración nace en la fricción. No la admiro porque «todo sea fácil», sino porque no me dejó ser el hombre frío y distante que mi herencia me pedía ser.

      Si hoy estás rindiendo al 50% en la oficina, deja de revisar tus procesos y revisa tu entorno más cercano. Tal vez tengas temas por resolver con tu pareja, tus padres o tus hermanos. No puedes construir un imperio sobre un terreno que está temblando.

      A mi Esposa: Gracias por los cafés amargos. Han sido los más difíciles de tragar, pero los que más me han despertado.

    2. Hay momentos en la carrera donde el viento no solo sopla; ¡intenta arrancarte de raíz!

      Año 2016. Arranque de operaciones del Complejo Petroquímico. Yo llevaba una carga doble: mi rol habitual de Compras Logísticas y, por emergencia, las Operaciones Logísticas en la Planta. Estaba dándolo todo.

      Logramos estabilizar la operación. Alcanzamos hitos impensables, como despachar 100 embarques por día. Estábamos mejorando a un ritmo increíble. Yo esperaba una felicitación, pero recibí un golpe seco: Vi mi propio puesto publicado en LinkedIn.

      Sin aviso y sin contexto, la empresa había decidido partir mi rol en dos para mantener el ritmo. Pero lo que yo vi fue una vacante buscando mi reemplazo. Sentí que el suelo desaparecía. Mi confianza se pulverizó y me volví rígido, reactivo, a punto de colapsar bajo la presión.

      En medio de esa fragilidad, Fred Maciel me dio la lección que hoy, años después y en plena transición, resuena más fuerte que nunca:

      “Miguel, hay que ser como una espiga”, me dijo.

      Me explicó que el error es intentar ser un muro de concreto; el concreto no se mueve, pero se agrieta y se cae. La espiga, en cambio, tiene un superpoder: la flexibilidad.

      Se dobla, se inclina ante el viento si es necesario, toca el suelo si la ráfaga es muy fuerte… pero jamás se rompe. Y cuando el viento pasa, la espiga regresa a su posición, erguida y lista para el sol.

      ¿Qué significa «ser espiga» cuando el entorno es hostil?

      • Soltar el ego: La rigidez viene del orgullo. «Doblarse» es aceptar que los planes cambian, que las críticas pueden tener razón o que no tienes todas las respuestas. El ego te hace frágil; la humildad te hace flexible.
      • Adaptabilidad táctica: No es rendirse. Es fluir con la circunstancia actual para preservar tu objetivo de largo plazo.
      • Resiliencia post-tormenta: Lo que define a la espiga no es cuánto se dobló, sino que regresó a su sitio.

      Hoy, mientras construyo mis propios proyectos, entiendo que los vientos de enero van a soplar fuerte. Mi trabajo no es evitar que el viento sople, sino asegurarme de que mi estructura sea lo suficientemente flexible para aprender de la ráfaga y volver a levantarme.

      Gracias, Fred, por enseñarme que la verdadera fuerza no está en la dureza, sino en la capacidad de no romperse.

    3. Ayer estuve en Mitla, Oaxaca. En zapoteco, su nombre significa «Lugar de los Muertos». Mientras el mundo corre por las compras de última hora y se refugia en el ruido festivo, yo estaba ahí, frente a la piedra ancestral, recibiendo una bofetada de realidad que no esperaba.

      Un guía local soltó una frase que me desarmó: “Hay que cerrar los ojos para ver; hay que taparse los oídos para escuchar”.

      Me quedé helado.

      Llevo meses con los ojos abiertos de par en par, buscando desesperadamente mi próximo «título». Con los oídos aturdidos por el ruido de LinkedIn, los consejos financieros y la presión social de «estar fuera».

      Mitla me recordó que estoy en medio de una muerte. Mi identidad como «empleado corporativo» murió hace unos meses. Pero en nuestra cultura, la muerte no es un punto final; es un portal. Abrazamos la muerte porque es la única forma de honrar la vida.

      Este 24 de diciembre, mis lecciones son otras:

      • La ceguera necesaria: Solo cuando se apagó la luz de la oficina (el sueldo, el estatus, el horario), pude ver de qué estoy hecho realmente. Cerré los ojos al mundo corporativo y empecé a ver mi propio proyecto.
      • El silencio que grita: Tuve que dejar de escuchar las vacantes de otros para empezar a escuchar mi propia voz y la de los socios que hoy caminan conmigo.
      • Morir para nacer: Hoy celebro mi derecho a dejar morir lo que ya no me servía, para darle vida a algo que trascienda.

      Hoy no te deseo una «Feliz Navidad» de tarjeta de regalo. Te deseo una Navidad de Mitla. Te deseo el valor de cerrar los ojos para ver tu verdadero potencial y de taparte los oídos para escuchar tu voz interior. Que tengas la fuerza de dejar morir al profesional que ya no quieres ser, para que pueda nacer el que el 2026 está esperando.

      Como me dijeron en la tierra del mezcal: Mi casa es tu casa. Pero hoy, mi casa es este silencio fértil donde estoy construyendo mi futuro.

      Tómate un café conmigo y dime: ¿Qué parte de ti necesita morir hoy para que finalmente puedas nacer?

    4. Durante más de once años, mi café de diciembre no sabía a café. Sabía a adrenalina, a reportes de cierre y al pánico de cumplir los objetivos anuales.

      Hoy, desde la grada, veo el «caos de cierre» con otros ojos. Es extraño, mi teléfono ya no suena porque se cayó la producción, ni recibo llamadas desesperadas buscando transportes para alcanzar la facturación mensual.

      Al principio, ese silencio asusta. Estamos tan programados para el ruido corporativo que, cuando se apaga, el silencio de nuestra propia mente se siente ensordecedor. Pero en este «paro decembrino», he descubierto una verdad incómoda pero poderosa: El silencio no es vacío; es espacio de diseño. Sin el ruido de las metas de otros, finalmente puedo escuchar las mías.

      Mientras el mundo piensa en el famosísimo «lo vemos en enero», yo he descubierto la magia de los «cafés sin reloj». Esos encuentros con amigos y futuros socios donde no hay una agenda de 15 minutos, sino el deseo genuino de construir algo que trascienda. Es en este silencio donde mis ideas de emprendimiento están dejando de ser «sueños» para convertirse en el plan de ataque del 2026.

      Diciembre es una pausa entre actos. Puedes usarla para simplemente esperar a que el telón suba de nuevo y repetir la misma obra, o puedes usarla para reescribir el guion a tu manera.

      Bájale el volumen al ruido externo y súbele el tono a tus proyectos. Las mejores empresas no siempre se hacen en salas de juntas; a veces nacen en una mesa con un café caliente y una conversación honesta en pleno diciembre.

      ¿Qué es eso que el ruido del día a día no te dejaba escuchar? Este cierre de año, te reto a una cosa: agenda un café con alguien que te inspire. Sin orden del día. Solo para explorar qué pasaría si finalmente te atrevieras a dar el siguiente paso.

    5. Crecí en una familia en la que el pilar del hogar era empleado, conocí el valor del trabajo duro, cuando era chico mi papá salía muy temprano de casa y regresaba ya entrada la noche, si le hablaban en la madrugada se trasladaba a las plantas, en general me enseñó lo que era el trabajo duro día a día, por otro lado, la situación me enseñaba (entre líneas) las mieles de ser empleado, de trabajar para alguien y ganar un sueldo fijo de por vida, como en el caso de mi señor padre (te amo papá).

      Ahora que estoy en una transición profesional, he dedicado mucho tiempo para pensar qué es lo que realmente quiero para el resto de mi vida, mis inicios me recuerdan mucho a mi papá, me iba de casa cuando Regi (mi primera hija) estaba dormida, regresaba cuando estaba dormida, eso me permitió crecer dentro de la empresa, pero perderme momentos preciosos como pago de ello, experiencias que sí pude vivir con mi segunda hija, aunque parezca loco, gracias a la pandemia.

       Todo este pensar y pensar me ha traído a mente, varias veces, la historia del Auto Antiguo que me regaló Don Mariano, cabeza de una empresa con la que tuve el gusto de trabajar por más de 11 años. En una comida con Don Mariano salió a relucir el tema de los carros, nuevos, viejos, grandes, chicos, de todos los que se puede hablar, en algún momento nos comentó que tiene un amigo al que le encantan los carros viejitos, que los compra para remodelar y después vender, tiene la experiencia placentera de haberle “dado vida” de nuevo a los autos, al mismo tiempo que hacía dinero haciendo lo que le gustaba. Hasta el día de hoy, ese comentario es uno de los regalos más atesorados de esas comidas de trabajo.

      ¡Caray! ¿Cuántas veces pensamos que estamos trabajando para vivir y terminamos viviendo para el trabajo?  Con mis amigos y colegas, hace años, he platicado el hacer que los hobbies nos generaran dinero, sino para dejar lo que haces para vivir del hobby, si para que eso te vaya ayudando a pagar algunas cuentas, y, ¡sí!, ¿por qué no? en el futuro pagar todas tus cuentas…

      ¿Te gusta cocinar? Puedes vender barbacoa o algo más en los fines de semana, he conocido varios restaurantes que empezaron en una cochera con mesas de plástico armables y hoy son grandes negocios. ¿Te gusta la decoración? Puedes armar grupos para armar floreros, pintar cerámica o experiencias que disfrutes y puedas cobrar. ¿Te gusta la fotografía? Por qué no empezar a hacer eso que has querido hace tiempo para monetizar con lo que disfrutas haciendo (sí, mensaje para ti Chucho).

      Creo que todos tenemos “un auto antiguo”, un talento o un hobby, que siendo pulido puede ser vendido, no hace falta ser un ingeniero de autos, sino atreverte. Toma papel y lápiz, y haz este simple ejercicio: Identifica las tres cosas que haces en tu tiempo libre y por las que la gente te ha elogiado o pedido ayuda. He ahí tu “auto antiguo” esperando a ser “remodelado y vendido”.

      PD Nadie nunca me elogió por como hablaba, pero heme aquí, escribiendo Historias de Oficina y Café, disfrutando compartir mis experiencias como parte de este viaje.